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Pilates Reformer para hombres: por qué cada vez más lo incorporan a su entrenamiento

El método que hoy se asocia a clases llenas de mujeres lo creó un hombre que había sido boxeador. Joseph Pilates nació en Alemania en 1883 y, antes de dedicarse a la enseñanza, se ganó la vida como púgil y artista de circo en Inglaterra. Al estallar la Primera Guerra Mundial fue internado como ciudadano alemán en el campo de Knockaloe, en la isla de Man, y allí siguió desarrollando el sistema de ejercicios que él llamaba Contrología. Se cuenta que usó los muelles de las camas del hospital del campo para que los internos encamados pudieran ejercitarse, el origen de máquinas como el Reformer. Los historiadores que han investigado el campo no han encontrado pruebas de esa historia, así que conviene tomarla con cautela. Lo que sí está documentado es su pasado en el boxeo y en la lucha, y que enseñaba ejercicio a otros internos.

Contar esto no es solo una curiosidad. Ayuda a desmontar una idea que todavía frena a muchos hombres: que el Pilates es una actividad suave, de estiramientos, pensada para otros perfiles. En la práctica, cada vez más hombres incorporan el Reformer a su semana, a menudo después de descubrir que les falta justo lo que el método trabaja.

Lo que suele encontrar un hombre en su primera clase

La experiencia más repetida es la sorpresa. Hombres que levantan peso con regularidad, que corren o que juegan al pádel varias veces por semana descubren que ciertos ejercicios en apariencia sencillos les cuestan mucho más de lo que esperaban. No por falta de fuerza, sino por falta de control.

El Reformer pone en evidencia cosas que un entrenamiento convencional suele tapar. Un lado del cuerpo que trabaja más que el otro. Una cadera que no llega a extenderse del todo. Una espalda que compensa cuando el abdomen no sujeta. Unos hombros que se elevan hacia las orejas cada vez que los brazos hacen fuerza. En una máquina de gimnasio guiada, el asiento y el respaldo esconden muchas de esas compensaciones. Sobre un carro que se mueve, no hay donde esconderlas.

También sorprende la intensidad. Una clase de Reformer con un ritmo exigente deja la musculatura profunda del tronco y las piernas cargadas al día siguiente, y no es raro que el primer día termine con las piernas temblando en los ejercicios más sencillos.

Por qué tiene sentido para muchos hombres

Hay varios motivos concretos que explican por qué el Reformer encaja bien en el entrenamiento de muchos hombres.

Movilidad de caderas y parte posterior de las piernas. Es una de las limitaciones más habituales: isquiotibiales acortados, flexores de cadera rígidos tras muchas horas sentado y poca capacidad de rotación. El Reformer permite trabajar esa movilidad con la ayuda de los muelles, de forma activa y con carga, que suele tolerarse mejor que los estiramientos pasivos.

Control del tronco. Tener un abdomen fuerte no es lo mismo que controlarlo. Muchos hombres con buena fuerza en ejercicios básicos descubren que no saben estabilizar la columna cuando brazos y piernas se mueven a la vez. Ese control es el que protege la espalda al correr, al girar en una pista de pádel o al levantar algo del suelo.

Trabajo unilateral y equilibrio entre lados. Buena parte de los ejercicios se hacen con una sola pierna o un solo brazo, lo que pone de manifiesto las diferencias entre un lado y otro y permite corregirlas.

Compensar las horas sentado. Quien pasa la jornada frente al ordenador acumula rigidez en la parte alta de la espalda, en el cuello y en las caderas. El Reformer trabaja exactamente esas zonas. Lo explicamos con más detalle en el artículo sobre Pilates si trabajas sentado.

Fuerza sin impacto. Para quien arrastra molestias en rodillas, espalda o tendones, o para quien quiere mantener la actividad sin sumar más impacto, el Reformer permite trabajar fuerza con una carga controlada y graduable.

Cómo encaja con el gimnasio, el running o el pádel

El Reformer no tiene por qué sustituir lo que ya haces. Para la mayoría de hombres que lo incorporan, funciona mejor como complemento.

Si entrenas fuerza en el gimnasio, una o dos clases semanales aportan lo que la sala de pesas suele descuidar: movilidad, control del tronco, trabajo unilateral y conciencia de cómo te mueves. Muchos notan que mejora la técnica en ejercicios básicos como la sentadilla o el peso muerto, porque aprenden a estabilizar mejor la pelvis y la columna.

Si corres, el trabajo de cadera, glúteos y tronco ayuda a mantener una zancada más estable, sobre todo cuando aparece el cansancio. Y si juegas al pádel o al tenis, deportes con muchos giros, cambios de dirección y un lado dominante, el trabajo de rotación controlada y de equilibrio entre lados tiene una aplicación directa.

La clave está en no plantearlo como un día de descanso activo. Una clase de nivel adecuado es un entrenamiento real, y conviene contarla como tal al organizar la semana.

El primer mes: cómo empezar sin frustrarte

El error más habitual entre hombres que vienen de otros deportes es querer empezar en un nivel alto, porque se sienten fuertes. El Reformer premia la precisión antes que la fuerza, y saltarse el nivel básico suele llevar a compensar con los músculos que ya se tienen fuertes, que es justo lo que se intenta corregir.

Lo más sensato es empezar por la clase introductoria y el nivel 1, aunque al principio parezca fácil. Ahí se aprende a colocar la pelvis, a usar la respiración, a manejar los muelles y a reconocer cuándo el cuerpo está compensando. Con esa base, el progreso hacia los niveles intermedios llega rápido y sin lesiones. Si nunca has probado el Reformer, la guía para empezar con Pilates Reformer en Bilbao explica qué esperar en las primeras sesiones.

También ayuda tener en cuenta que la flexibilidad no es requisito para empezar, sino algo que se gana con la práctica. Muchos hombres no se apuntan porque “no llegan ni a tocarse los pies”. Es precisamente el motivo para empezar.

Dos clases por semana durante el primer mes son suficientes para notar diferencias en la movilidad y en el control del tronco. A partir de ahí, puedes valorar cómo encajarlo con el resto de tu entrenamiento y si te interesan clases más intensas o más centradas en la movilidad. En la página de clases de Club Pilates Abando puedes ver los niveles y elegir por dónde empezar.

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